¿Hasta dónde puede llegar una madre sobreprotectora? Si las madres pudieran poner a sus hijos en una burbuja, seguro lo harían. No quieren que nadie les cause daño y harían cualquier cosa para defenderlos, ¿pero meterse en una pelea de niñas de secundaria..? Esto pasó en la ciudad de Soyapango, en El Salvador. Clarice María y Luisa eran compañeras y amigas en la secundaria, pero aquel día tuvieron una fuerte discusión.

Juez encarceló a una niña de 16 años con 30 hombres. Lo que le hicieron fue peor que matarla 1

La raíz de la pelea fue una tontería: Luisa se confundió en la tarea, era en equipo y no la cumplió, lo que hizo enfurecer a Clarice María, quien siendo hija de una juez, en su casa tener una falta en la escuela no era permitido. Así que se hicieron de palabras y en minutos ya estaban en el suelo, jalándose el cabello y golpeándose con fuerza. Luisa rompió la nariz a Clarice y ésta apenas le hizo un par de rasguños.

Cuando la madre de Clarice se enteró estaba realmente furiosa. Su única hija había sido víctima de abuso en la escuela y eso para ella era inaceptable. Levantaron una denuncia; como era juez su petición fue aceptada y en menos de 3 días un citatorio llegó a casa de Luisa. Las cosas se salieron de control y Clarice pidió a su mamá que parara, no quería ver a su amiga tras las rejas -¨la culpa fue de las dos¨-, pero a su madre no le importó.

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Juez encarceló a una niña de 16 años con 30 hombres. Lo que le hicieron fue peor que matarla 3

La sentencia quedó a su cargo y nadie hizo nada para evitar que Luisa, a sus 16 años, fuera castigada en una celda masculina durante un mes. A la juez no le importó ver cómo una madre de bajos recursos se retorcía de dolor al ver a su hija tratada como criminal. ¿Fue tan grave su error? ¨Tengo miedo, mamá, no quiero¨, le dijo antes de entrar al infierno. Saber que tu niña teme a ser encerrada con 30 criminales pero no puedes hacer nada, debe ser muy duro. Pero así de injusta es la ley cuando alguien tiene el poder.

La primera noche fue horrible. Luisa ni siquiera había dado su primer beso, y en la celda dos hombres le enseñaron el significado de maldad. Gritó desesperada cuando uno la tomó del cabello y la puso contra la pared, pero nadie hizo nada; la tocó de pies a cabeza, arrancándole el uniforme gris. Ella resistió un rato, pero después de un golpe tras otro quedó sin fuerza. Apenas podía susurrar: ¨déjenme, por favor¨. Los bandidos tuvieron toda la noche y parte de la mañana para hacerle lo que quisieron. Entonces ella entendió: se había convertido en el objeto de la prisión, la vendieron con los demás presos; durante un mes no tuvo descanso, ni siquiera recuerda la cantidad de veces que la tocaron.

Los malestares empezaron a las pocas semanas, la contagiaron de varias enfermedades pero no sabía que aún le esperaba lo peor. Con ayuda de una señora que trabajaba en limpieza envió una carta para pedir auxilio y para explicar lo que estaba sufriendo. Su madre buscó ayuda de los medios de comunicación y la indignación de los ciudadanos no se hizo esperar.

Cuando la sacaron de ese lugar Luisa era otra. Su sonrisa juvenil había quedado atrás, tenía marcas en todo el cuerpo, estaba desnutrida y el diagnóstico médico fue desgarrador: SIDA. Una niña que apenas empezaba el camino de la vida padeció el peor infierno y ahora estaba luchando en un hospital, a un paso de la muerte. ¿Todo por el impulso de una madre? ¿Merecía Luisa ese castigo?